AUSTERIDAD
Se trata de contar con un orden en las tendencias, de modo que, a los bienes materiales se les encuentre el justo uso y valor.
Con una simple sesión de cinco minutos de anuncios, llegaremos a la conclusión de que la sociedad actual se basa en gran parte en el consumismo.
Por eso, la educación en la austeridad cobra más importancia, ya que los hijos deben aprender a vivir sin la necesidad de todos los bienes materiales.
No se trata de negar sistemáticamente todo capricho, sino de enseñar a los hijos a reconocerlos y también distinguir las cosas necesarias de las que no lo son.
Comprar y poseer cuanto apetece se presenta como una manifestación de "libertad y poder", sin caer en la cuenta de que el hombre dominado por el impulso inmoderado de adquirir cosas se esclaviza y cuando pone el corazón en ellas, comprueba, cómo se le escapa la felicidad que esperaba en su disfrute.
Por otra parte la presión social provoca familias permisivas que no quieren o no saben o no se atreven a exigir a sus hijos; son familias que asientan su unión sobre una base quebradiza y evitan tensiones y enfrentamientos, deteriorando su proyecto educativo familiar fundado sólo en cosas materiales.
De ese modo, los niños que son protegidos por sus padres en el hábito consumista, terminan por ser personas egocéntricas, esclavos de sus sensaciones momentáneas, sin recursos para mantener el interés en algo durante un tiempo, incapaces de comprometerse, darse, de servir, de amar.
Los hijos aprenden observando primordialmente a sus padres:
si piensan antes de comprar algo; si ceden o no ante caprichos personales; si cuidan y aprovechan bien lo que hay en casa; si llevan un control elemental de los gastos; si examinan las facturas y verifican cambios; si saben comprar calidad a buen precio; si aprovechan las rebajas comprando sólo lo necesario; si acostumbran a los más pequeños a usar la prenda que ya no usa el hermano mayor; si se preocupan por la marca o la moda; si premian a sus hijos con dinero o cosas materiales.
El hombre austero no se engaña, conoce el valor de las cosas, y en consecuencia, es congruente. Está en condiciones de usar sus recursos en bien propio y de los demás con seguridad.
Por otra parte, la austeridad no supone que la persona no deba gastar, comer, descansar o vestirse dignamente. Es lícito tener buen gusto, disfrutar tanto lo que Dios nos ha dado en la naturaleza como también el fruto de nuestro trabajo, descansar y divertirnos.
Por otra parte es evidente un avaro, si consideramos el caso de alguien que no gasta dinero, a menos que sea absolutamente necesario y además de mala gana.
Se alcanza realmente el valor cuando se encuentra el justo medio entre gasto superfluo y el gasto razonable.
Vivir en austeridad permite a los hijos superar impulsos de egoísmo y no permitirá hacerle creer que él vale por lo que tiene.
"Cría a un niño como rico y lo empobrecerás del corazón, educa aun niño como pobre y lo enriquecerás del alma"
La fuente de la verdadera felicidad está en el interior de cada ser humano, donde Dios se hace paz, alegría, gozo y serenidad para quienes viven en amistad con Él y no en las cosas exteriores, en la vanidad , en las alegrías pasajeras.
Departamento de Formación Humana
![]() |
![]() |